Son las 6:30 de la mañana aún se escucha el trinar de las aves, pero es interrumpido por el ensordecedor ruido de unos parlantes que han puesto a funcionar a 70 metros de distancia. Lo que se logra escuchar es como un zumbido de abejas, no se entiende nada. No es fin de semana, es un día normal de trabajo, y no es festivo, pero aparentan celebración. Es la manera como ese centro de comercio pretende llamar la atención para que vayan a comprarle, cosa que nadie hace porque en este pueblito la gente es curiosa pero no compran nunca nada porque no alcanza.

Este centro de comercio se estableció en medio de un barrio residencial donde la mayoría de sus habitantes son ya personas adultas mayores.

Antes existía allí una fábrica de cuadernos y generaba casi 220 empleos, pero el gobierno nacional subió los impuestos a los insumos y dejó entrar al país productos terminados de menor precio con los cuales era imposible competir. El gobierno municipal colaboró con su desaparición al quitarle los incentivos y consiguiendo que la fábrica se volviera una estructura abandonada. Es aquí donde hace su aparición los mafiosos que para poder lavar su dinero mal habido, recurren a la compra del inmueble para montar un supuesto centro comercial; pero no lo hacen solos, de la manera más descarada, corrompen al alcalde de turno con cientos de millones de pesos para su permiso, y este tipejo, ni corto ni perezoso, no sólo les deja entrar al pueblito, sino que además les da exoneración de impuestos por diez años y sin consultar jamás a la comunidad del sector.

Así fue como de un día para el otro se impuso este centro de comercio, que en tan solo una extensión de 800 metros cuadrados puso en alquiler locales a precio de seis salarios mínimos y todos sus empleados y dueños de locales son personas foráneas. Nadie conoce en el pueblito a esa gente. Aún así, recorrer todo el lugar no te tarda más de cinco minutos, incluyendo el segundo piso y el parqueadero, y aunque su eslogan y centro de campaña son los precios bajos con el concepto de "outlet" (que no es otra cosa que productos imperfectos, de segunda mano, que se pueden usar) , hizo que el comercio que había antes, redujera a la fuerza sus precios y por consiguiente, su calidad; la comida, por ejemplo, que era muy saludable, se convirtió en contrabando y comida chatarra, para poder competir optaron por traer las carnes de lugares de dudosa procedencia y los habitantes empezaron en el poco tiempo a presentar patologías que antes no existían, y surgió en la población una nueva enfermedad, la ansiedad. La ansiedad por comprar cosas inútiles.

Bajo el engaño de promociones inexistentes, los pobladores cayeron en trampas que hicieron que el salario no alcanzara y se endeudaran adquiriendo baratijas que no necesitaban. Pero lo peor de todo, es que aparecieron prácticas deshonestas como que si querías precios más bajos, debías ir al lugar en horarios irregulares. Es cuando aparecen los "trasnochones" y los "madrugonazos" donde los pobres empleados tenían que laburar horas extras no remuneradas y los vecinos tenían que soportar más ruido por más tiempo. Al final era un engaño más, pues la supuesta promoción no era sino la oferta de productos a punto de vencer su caducidad y con el mismo precio de un horario regular. Como en el pueblito, las modas no duran mucho, este centro de comercio bajó su afluencia, entonces aquí apareció un fenómeno terrible, ubicaron parlantes en la parte exterior del local con el fin de generar ruido de todo tipo, como iglesia musulmana cuando llama a sus feligreses con cánticos, con la diferencia que a lo lejos no se entiende que es lo que está sonando, y poniendo sonidos que alteran el orden como son los que se ponen el los aeropuertos para dar un aviso importante acerca de la salida de un vuelo, el extravío de gente o que un usuario debe mover su vehículo en el parqueadero. En este caso, es para avisar que hay promociones de ropa interior.

Con el tiempo la gente que tenía una vida tranquila se empezó a desesperar por consumir compulsivamente porque empezaron a cobrar por cosas que antes eran gratis, y gracias a las nuevas tecnologías, se crearon necesidades sin sentido como seguir un "estándar" de la figura corporal con tatuajes, maquillajes, tallas de ropa imposibles de alcanzar de manera natural, que obligan el consumo de proteínas y medicamentos de dudosa procedencia.

Esta nueva y angustiosa forma de vida hizo que el pueblito que otrora era industrial y agrícola, se convirtiera en un infierno comercial, donde la gente desesperada tumbaba la pared que da hacia la calle y quitaban el garaje para montar un negocio de lo que fuera. Y no importaba si no existía ningún estudio de viabilidad de mercado, de forma desesperada se establecían negocios tan variopintos que a la final no duraban ni tres meses. Al igual que un animal acorralado, recurrían a las mismas estrategias poco éticas que usa el centro de comercio, como poner un parlante hacia la calle con el ruido estridente de emisoras de radio con lo más vulgar y de moda, con el peor sonido y la peor configuración en la amplificación.

El ruido se convirtió en un problema de salud pública, un problema que no tendrá tratamiento adecuado, empezando con que el alcalde actual está aliado a estas mafias que al hacer lo que se les da la gana, convierten el pueblito en un lugar caótico y consumido por la anarquía. Los gimnasios se convirtieron en discotecas, los lugares aledaños del centro de comercio se volvieron inseguros con robos constantes y los ladrones recurren a estos centros de comercio para repartirse el botín.

Más adelante entraré a detallar más de estos puntos, por el momento concluyo este primer relato, diciéndoles a quienes me leen que la llegada de centros de comercio a pueblos pequeños no significa progreso ni mucho menos un paso para convertirse en ciudad. Las buenas costumbres deben prevalecer, o de lo contrario se puede convertir el lugar en un infierno. Se puede salir del problema dejando de ir a estos lugares. Si no hay otro remedio, se puede ir, pero no consumir.